Uno de mis defectos es que me cuesta horrores acabar lo que empiezo. Me aburro. No puedo evitarlo. Así que siempre tengo varias cosas que hacer, varios libros a medio leer y una agenda llena de asuntos pendientes. En realidad me gusta ir alternando.
Pero hoy he descubierto, para mi alivio, que no soy la única.
Nuestros políticos aún no han conseguido que se respeten derechos tan básicos como el trabajo o la vivienda digna y ya están pensando en otorgarles derechos humanos a cierta clase de monos -¿llamar mono a un simio es racista y discriminatorio, políticamente incorrecto?-.
Que a los animales no se les tiene que maltratar es algo que, hoy día, no admite discusión. ¿A quién no le falta tiempo para llamar degenerado a un nota que apalea a una foca? Pero de ahí, a reconocerle derechos...

Mi hermano bromeaba esta mañana. ‘Ahora voy a una empresa a demandar trabajo y me dice el jefe: lo siento, hemos contratao al mono’. Y en los campos de fútbol... cada vez que alguien insulte a Eto’o, no sólo aparecerá indignado él en las noticias de las tres, sino que se liará parda en la PPS (Plataforma Pro.Simio). Y por supuesto, olvidémonos de ver monos en el zoo... Ni pensarlo.

El gobierno esta vez se ha pasado de progre. Y es que derechos humanos no es sólo vida e integridad física, que también. Pero no sólo. Y que evidentemente debemos respetar a los animales. Repito. No a los monos. A todos los animales –no sé... cuestión de principios y de humanidad—. Sin embargo, aún hay personas que ven violados sus derechos cada día; derechos que, por lo visto, creemos tan básicos y efectivos que ya pensamos en los chimpancés y los gorilas.

Derechos humanos son también los derechos civiles: el derecho al matrimonio, la libertad de expresión, religiosa, de reunión, de huelga, derecho a la educación, a trabajar, a la intimidad, derecho a participar en la vida política... ¿veremos a un gorila de presidente antes que a una mujer, a un gay o a un negro?

Además, ¿por qué sólo a los gorilas, orangutanes o chimpancés? Qué pasa con los mandriles, los tamarinos y los titíes. Empezamos bien: quebrantando el derecho a la no discriminación por motivos de raza.

Siento mi incredulidad. Pero la expresión ‘derechos humanos’ creo que está de más. Con todo lo que aún nos queda por avanzar... y respetar...

Al final va a resultar que no andaba tan desencaminada.